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4 de febrero de 2009

Heliópolis: la botadura

Aún era un hombre joven. Curtido y experimentado; pero joven todavía. Había llegado a esa edad incierta en que la vida comienza a volverse tan plácida como rígida. Una edad en la que todavía es posible cualquier cosa, y sin embargo muchas cosas comienzan a parecer inalcanzables. Aquella tarde salió de su casa con un extraño brillo en su mirada. Estaba cansado, tras una dura jornada de trabajo en el astillero. Un trabajo rutinario, del que pese a todo solía extraer siempre algún pequeño momento de placer, como ensimismarse a pleno sol transportado por aquellos olores nítidos del puerto. No era un hombre feliz, pero estaba conforme. Había cosas peores, y él lo sabía...

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