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Mostrando entradas de marzo, 2011

Carta abierta a mis hijos, y a los tuyos

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No me creeréis, pero cuando yo tuve dieciocho años, hice cosas que ahora os resultarán increíbles. Cosas que vosotros no podréis hacer jamás.

Podía acampar casi en cualquier lugar, y dormir al raso en Parques Naturales, junto a los lagos de Covadonga, o en la laguna de Peñalara. Bañarme en las lagunas y en los ríos, y perderme por cualquier monte con un grupo de amigos. En cualquier bar, a cualquier hora, podía comer tortillas con huevos DE VERDAD.
En una carretera adecuada, podía circular a 140 kilómetros por hora, incluso sin cinturón, bajo mi propia responsabilidad. También podía festejar con los míos una boda, o una comunión, tomar unas copas, y estando bien regresar despacito y con cuidado. Viajaba sin que nadie mirara mi cuerpo desnudo a través de una máquina, y podía llevar en mi equipaje de mano líquidos y refrescos. En la playa, disfrutaba cada verano de la sensación incomparable de tomar una jarra helada de cerveza sobre la arena, bajo el tejadito de brezo de un chiringuito.